Atónita

Viendo tus ojos
esto aprendí:
No me dejas
-cuando más lo necesito-
ser todo lo yo
que soy cuando me olvidas.

Arnés. Piloto. Ganso.
Báculo de la vejez altiva.
No me vuelvas a dejar.
Todos los mil cartones numerados,
los papeles,
las etiquetas
donde escribí te quiero.

Todo el país que se reúne en las salas.
Yo voy paciente por esas carreteras,
como un muerto.
Pero lo que digo
quedará en la ceniza
de los rotuladores
para volver a esparcirse por el tiempo
hasta que vuelvas.

[Si:]

Hasta que algún misterio
o algún otro objeto.
o tu perfume
o el fecaloma que incubes,
o el rayo que me parte,
o los ancestros pintados
y exactos de tu vientre,
o algo,
me devuelva el cambio de las esponjas
invertidas en tus humedades.

Yo soy genial
y tú sólo vales para mirar.

Por si muero
en los diez próximos minutos,
diré que mínimos debemos
y que seré tu hipoteca.
Pero no creas que el banco de Santander
te ajustará el interés.

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